Conocer bien la conducta de los cerdos en las distintas situaciones nos puede ayudar a detectar problemas si ésta se realiza de una manera anormal. Así pues, si observamos a los lechones constantemente agarrados a las mamas de la cerda, masajeando y sin que se produzca fase de eyección, podemos deducir que esa cerda pueda tener algún problema de hipogalaxia (baja producción de leche).

De la misma manera, si la cerda recién parida no muestra indicios de llamar a sus lechones o signos de dejarse amamantar, habrá que actuar la respecto. Esto es muy frecuente con las primíparas .

Otra consideración a tener en cuenta, es el hecho que cada lechón tiene su mama en exclusiva y que si no se usan, se secan en unas 48 horas. Obviamente los más fuertes se hacen con las mejores. Si cambiamos un lechón de camada, deberemos observar si éste va a tener una teta disponible. En camadas en las que ya se ha establecido el orden y distribución de las mamas, no se debe añadir ningún lechón más, pues es probable que ya no tenga mama. Intercambiar lechones, en este caso, puede hacerse pero con cautela. El tema de las ADOPCIONES lo trataremos más adelante.

1. INICIO DEL AMAMANTAMIENTO

La cerda llama al amamantamiento a los lechones mediante un gruñido que ellos recononcen inmediatamente. Ella trata de tumbarse cuidadosamente y cada lechón se coloca en su mama correspondiente, y no otra!!!

2. ESTIMULACIÓN DE LAS MAMAS

Los lechones, con su morrito, masajean las mamas de la cerda. Este masaje estimula la producción de oxitocina, fundamental en la fase de eyección de leche.

3. EYECCIÓN DE LA LECHE

En el momento de la bajada de leche, los lechones se quedan muy quietos y solamente succionan para no perder gota. El tiempo de eyección es casi tan corto como se muestra en el vídeo.

4. FASE FINAL DEL AMAMANTAMIENTO

En cuanto se les acaba la leche, los lechones incrementan su movimiento de masaje para exprimir la mama al máximo. Si no sacan nada, se apresuran a “robar” algo de leche a alguno de sus hermanos. Observad como, en esta fase, siempre hay un lechón que deja la mama y se dirige al morrito de su madre para rozarlo con el suyo como si de un beso de “¡Gracias, mami!” se tratara. Este hecho tan curioso, seguramente, ya lo habréis observado en vuestras maternidades.